Usted está aquí

La historia encadenada de Neuron

25/04/2022

La semana del Día del Libro en el Museo ha finalizado con toda una gran historia completa fruto de vuestra imaginación. Desde viajes planetarios, hasta agujeros negros, jardines botánicos y hasta seres fantásticos. Nuestro cuaderno se ha llenado de originalidad y creatividad de todo tipo gracias a vuestra participación. ¡Aquí tienes el resultado final!

Érase una vez un habitante de Plutón llamado Neuron. Neuron estaba cansado de su planeta, siempre con ese clima tan frío (-240º) y esas calles tan desiertas. En la plutovisión siempre veía imágenes del planeta tierra: esos rayos de sol que decían que calentaban, esos campos tan verdes llenos de flores, esa comida tan apetecible… Era un auténtico enamorado de la vida terrícola, pero siempre lo frenaba el mismo pequeño inconveniente: los 5.000 millones de kilómetros de distancia entre ambos planetas…

Neuron ya no sabía qué hacer. Un día, tras darle vueltas y vueltas, ideó un magnífico plan.

Neuron crearía un jardín botánico en Plutón, para que los próximos visitantes pudieran disfrutarlo.

Para ello, empezó mandando un mensaje a sus amigos de la tierra. Les pediría que le mandasen sus plantas más bonitas.

También les pidió semillas para poder repoblar su planeta con plantas maravillosas y así construir un planeta verde.

El nuevo planeta verde sería el más sano de la galaxia y podría curarse él mismo.

En dicho planeta crecían grandes bosques en los que las raíces de los árboles procreaban enzimas prodigiosas. Es decir, enzimas que protegían a todas las enzimas protectoras de cada cuerpo, capaces de regenerarse simplemente con un abrazo al árbol. En esa planta todo ser viviente amaba de verdad a los árboles y lo mostraban día a día. 

Mariposas vagaban por el aire buscando nuevos colores.

Además tenemos casas, coches, árboles… Pero planeta en el que podemos vivir, solo este. 

Todo ese verde era poco para mí, quería estar en el planeta tierra y para ello tenía preparada mi nave espacial, lista para ser pilotada.

Pero sobre todo, todos tenemos amor, amistad, comprensión y sobre todo, empatía.

De todas estas cosas se alimentaba mi nave para llegar a la tierra.

El viaje comenzaba como muchos otros, con ilusiones y muchas expectativas, pero…

No contaban con que en el planeta más cercano a Plutón, uno que no había sido descubierto aún, tenía grandes industrias que estaban contaminando la galaxia.

Múltiples formas de vida habían desaparecido, no estábamos solos en el universo, más bien éramos de los últimos con vida.

Es cierto, no estamos solos en el universo, solo hay que mirar alrededor.

Nuestro planeta es ciencia y la ciencia es estudio, estudiemos la forma de conservarlo.

Neuron y la ciencia, unidos para acabar con la contaminación de la galaxia, ese era su objetivo.

Mientras tanto, en el espacio exterior, había un plan con extraterrestres y un sin fin de criaturas extrañas.

Como en la historia de la tierra nos demostró la posibilidad de extinción de las especies y la nuestra propia, lo primero que hicimos fue un plan de Conservación de todos los Recursos naturales y la belleza de este mundo. 

La Tierra desde el espacio resultaba hermosa. Pero más aún lo era mirar al cielo desde la Tierra en una noche estrellada. Aunque la conquista del espacio era una opción, decidimos conservar nuestro planeta. 

Era un lugar conocido, pero siempre nos quedaba la esperanza de poder comprendernos. El ser humano tiene la capacidad de comprenderse, y para ello estábamos aquí. El futuro no está escrito, lo íbamos a escribir nosotros. 

Aterrizamos en una selva, los humanos la llamaban Amazonas. 

Era bella y verde, intocable. No sabíamos si podíamos respirar sin ayuda, pero en efecto, no era ningún problema. El aire era limpio, la belleza del lugar, indiscutible. La fauna, la flora… fue como ir atrás en el tiempo antes de que lo hubiéramos estropeado todo con nuestra codicia. 

Seguimos caminando a través de ese bosque atrapado en el tiempo hasta que nos encontramos un agujero. En este no había luz, un simple pero a la vez extraño agujero en medio de aquel bosque; al verlo, a un mono le pareció divertido el saltar dentro hasta  que desapareció, siendo absorbido por aquel agujero. Al ver esto decidí tirar mi calcetín, el cual nunca volví a ver. 

Al entrar en el agujero, no hubo nadie sin la boca en el suelo. Era algo surrealista y único, algo que no se podía ver ni siquiera en Plutón. 

No supimos bien qué hacer así que decidimos resguardarnos por un rato y comer unos bocadillos que teníamos y algo de chocolate. De pronto los relojes  se pararon y supimos que el momento había llegado.

Nuestros corazones agitados se movían al compás de las viejas hojas marrones que enredaban nuestros pies al caminar y vimos al fondo como nuestras pupilas se tornaban de un color rojizo mientras el planeta, aquel planeta, se giraba en torno a nuestros rostros y alejaba entrever que…

A lo lejos veíamos como una luz resplandeciente, nos cubría, y al mirarnos, nuestros cuerpos desaparecieron.

Y aparecimos en un lugar super verde y hermoso. Nuestra sorpresa fue que nos encontramos a nuestros seres queridos, familiares que añorábamos y llevábamos mucho tiempo sin ver. Nunca me había sentido tan feliz.

Al estar en aquel lugar mágico, con esta gente tan querida, y al mismo tiempo tan extrañado por hacer tanto tiempo que no estábamos juntos, me sentí feliz pero también nostálgico. De pronto todo cambió…

Porque nos encontramos un árbol con un agujero gigante, miramos dentro de ese agujero y vimos que estaba lleno de flores de muchos colores. Al tocar la flor roja, nos salieron unas pequeñas alas y nos metimos dentro del agujero.

Cuando vimos el agujero, entramos en un mundo donde no había día de mañana… Una espesa niebla asoló la noche. No teníamos abrigos, ni mantas, ni sacos de dormir. Mientras tanto, venía un extraño color rojo que invadía el horizonte. Habían llegado.

No era rojo, era anaranjado. ¿Eran quizás todos nuestros vecinos valencianos que habían venido a visitarnos?

Por nuestros monumentos, especialmente por la Catedral, Archivo de Indias, Giralda y por el famoso estado de la Cartuja, donde se reunirían con sus amigos.

Entonces la niebla se despejó, y en el horizonte pudimos ver un bosque de altos abetos rojos y cascadas aguamarinas. Nos acercamos y descubrimos, sorprendidos, que toda el área estaba cubierta de pequeños seres luminosos que nos miraban aún más sorprendidos. Decidimos acercarnos, y…

Ellos nos empezaron a hablar, a hablar sobre Plutón, sobre el origen del planeta y sobre el origen de ellos mismos. Eran unos seres preciosos y parecían tener una sabiduría grandiosa y mágica. Al terminar de escuchar su presentación, nos quedamos perplejos, totalmente envueltos en una calma y una sensación de “estar en casa” increíble. Nos despedimos llenos de emoción y alegría y también llenos de sabiduría sobre aquel maravilloso planeta. 

De pronto se oyó un sonido de suspense… “tín, tín, tín…” y se nos cruzó un rayo sobre nuestras cabezas. Al mirar hacia arriba, resultó ser una estrella fugaz.

Decidimos pedir automáticamente un deseo, que aquellos seres que habíamos conocido nos explicasen cómo estaban viviendo, después de lo sufrido en la pandemia, con los casos de corrupción que asolan nuestro país, con la tasa de paro juvenil que asfixia nuestro mercado laboral, la luz, la gasolina y los precios por las nubes.

Pero resultó que, afortunadamente, sólo respondían con sonrisas y abrazos, haciéndonos sentir extremadamente bien, sin mirar más allá del presente, respetando nuestro pasado, sin preocuparnos de nuestro futuro. Un presente lleno de luz y de ilusiones…

Fuimos a ver lo que había más allá del sol y descubrimos que hay un universo inverso. No estamos solos, somos polvo de estrellas.

Pero somos polvo enamorado, y nunca debemos dejar de amarnos y querernos. La vida se nos escapa entre los dedos y no hay que desaprovechar ningún momento para amarnos y cuidarnos. 

Porque el amor en algunos aspectos todo lo cura e intenta sanar. Con alegría, constancia y conocimiento podemos lograr todo lo que nos propongamos, en este planeta y los demás.

Por ello no podemos olvidar a nuestros planetas más cercanos como Plutón, porque esa pequeñez en donde vivimos, nos hace tan grandes como este planeta. 

Nuestra pequeñez nos hace contemplar con asombro la maravilla del Universo y descubrir que formamos parte de él. Somos seres con una chispa divina que nos hace formar parte del todo.

Neuron se sorprendió de la tremenda facilidad para inventar historias que encontró en nuestro planeta… Y decidió dejarse llevar por el viento que emanaba de cada una de ellas. 

Así, Neuron, se sintió como si fuera un científico, un investigador, un aventurero… Aunque fue, sintiéndose Don Quijote, como más se identificó. 

Añadir nuevo comentario

1 + 0 =
Resuelva este simple problema matemático y escriba la solución; por ejemplo: Para 1+3, escriba 4.