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Manuel Vargas, el aliado de las herramientas #QuienTrabajaAhí

10/12/2015

Manuel Vargas es de esas personas de bondad discreta. No utiliza artificios ni se publicita a sí mismo, es más, quizás en su contra podamos decir que, con las cualidades que tiene, debería alzar la voz y pisar más fuerte de vez en cuando. Pero no lo necesita, todos en el Museo saben que es una de las mejores personas de las que aquí trabajan.

Manuel Vargas

Manuel tiene la capicúa edad de 44 años y es el responsable de Mantenimiento. Créannos, tener ese trabajo en un edifico patrimonio histórico que data de 1929 tiene mucho mérito. No sólo por el volumen de tareas que debe asumir, sino también por la delicadeza con que debe acometerlas. Para ello Manuel cuenta con valores muy preciados: una excelente organización, facilidad para priorizar en todo momento y, sobre todo, una destreza en todos los ámbitos del bricolaje, la electrónica, la mecánica y el largo etcétera de campos de los que huimos quienes no sabemos cambiar una bombilla. Él, por el contrario, se nota que estaba predestinado a ello y no hay avería, montaje o instalación que se le resista.

Nació en Gandía (Valencia) y llegó a Sevilla a los 13 años. Del primer lugar conserva el carácter quizás más introvertido que se les atribuye a los valencianos. Del segundo, su sentido del humor y su convencimiento por las tradiciones de esta tierra. Lleva sólo dos años trabajando aquí en el Museo, pero si les preguntásemos  a los compañeros, todos dirían que parece como si formara parte desde el principio. A él le encanta trabajar aquí. Dice que es como si le hubiese tocado la lotería: “No quiero decirlo muy alto, pero para mí estar aquí es como un hobby, no parece que venga a trabajar. Todo lo que hago me gusta, y encima tengo compañeros encantadores, buenos jefes y flexibilidad en mi trabajo. Además, siempre estoy aprendiendo con las exposiciones y las actividades tan interesantes que hay aquí. Desde luego, acerté al prepararme las oposiciones”, no comenta durante la entrevista.

Manuel tiene dos hijas en la temida etapa de la adolescencia, pero está orgulloso de sus trayectorias y, sobre todo, de que cree que van a estudiar ciencia. “Mi sueño ahora mismo es que hagan sus carreras y sería maravilloso que acabaran trabajando en el CSIC”. Ése es su sueño para ellas, pero se guarda uno para él mismo: algún día, porque nunca es tarde para nada, estudiar Ingeniería Electrónica. Conociendo a Manuel y su tenacidad, seguro que lo conseguirá. También se muestra fascinado por las Matemáticas, que confiesa que le tienen muy intrigado. “Son la respuesta a todas las cosas y rigen el Universo”, sentencia.

A Manuel le gusta mucho la naturaleza y practica un hobby poco común: la orientación. A través de mapas y atravesando balizas, debe cumplir un objetivo. Quizás sea una metáfora de su vida: con tesón logra lo que se propone. Y pensar que el mismo día que llegó aquí a su antecesor en el cargo se le cayó un armario encima (sin daños para su persona). Los augurios no eran buenos. Y Manuel está logrando dar vida a este Museo con sus manos. E iluminarlo sin bombillas, sólo con su amable sonrisa.

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