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David Moyano, de la Tierra a las estrellas... #QuienTrabajaAhí

04/03/2015

Si habéis venido al Planetario algún fin de semana, seguramente os ha guiado la visita David, a quien no pocos niños, con simpatía, pero también con mucha guasa, han preguntado si es él cierto político últimamente en boga. ¿La explicación?, pues que nuestro sonriente David usa también perilla y lleva el cabello largo. Situación a la que, devolviendo la broma, responde: “es él quien se parece a mí, y no yo a él”. Aunque en realidad, parecido físico, lo que se dice parecido, no hay mucho, más allá del aire alternativo y desenfadado.

Chascarrillos aparte, lo interesante es ver las vueltas, por no decir rotaciones o traslaciones, que da la vida en estos asuntos de la observación, y también admiración, de los cuerpos celestes. Uno tendería a pensar que alguien con formación científica, como es el caso de nuestro afable David, y que se dedica a comentar y monitorizar las funciones de un Planetario, debería ser físico, astrónomo, meteorólogo, cosmógrafo o cultivador de cualquier otra disciplina que se dedique especialmente al estudio del firmamento; pero no, nuestro jovial David es biólogo, por la Universidad de Sevilla para más señas, y especialmente interesado en la Ecología. De hecho, casi con los ojos cerrados aceptaría un trabajo de conservador en un Parque Natural.

David Moyano

Pero como cada ser humano es único, diverso e irrepetible, no hay nada de extraño que alguien que, como nuestro cordial David, está por vocación más cercano al campo, con las ruedas de su bicicleta -la misma que normalmente usa para moverse por la ciudad y venir a la Casa de la Ciencia- bien pegadas a la Tierra, también se interese por conocer las estrellas; y no sólo las estrellas, sino que también se ha interesado y se interesa por los incendios forestales; química agrícola; anillamiento de zampullines y aguiluchos cenizos; divulgación científica; escultismo; formación de jóvenes y voluntariado medioambiental, entre otras actividades. Vamos, un hombre orquesta, entre otras cosas porque también práctica la percusión brasileña en una batucada, estudió cuatro años de violín en el conservatorio y también ha hecho algunos pinitos con la guitarra.

Después de pasar tres meses en Costa Rica en un centro de recuperación de fauna salvaje, regresa a Sevilla con muchas ganas de hacer cosas nuevas. Entra en contacto con la empresa educativa GDS, encargada de monitorizar el Planetario de la Casa de la Ciencia, donde tenía viejos conocidos de los años en el Universidad y en el Movimiento Scout. Surge así la posibilidad de trabajar como monitor en esta instalación y reencontrarse con una afición de la niñez: ¡La Astronomía!

Para David el trabajo con niños y niñas es un camino conocido. Fue varios años monitor de “la tropa” en su grupo Scout; y para quienes no conozcan mucho este movimiento fundado por Lord Baden-Powell en Inglaterra a principio del siglo XX, os adelantamos que la tropa, conformada por chicos y chicas de 11 a 14 años, es el verdadero alma del escultismo, donde se fomenta en los futuros ciudadanos los valores de compromiso, planificación, trabajo en equipo, solidaridad y respeto por el medio; en pocas palabras, Educación para la Ciudadanía. También fue formador de los futuros monitores su grupo Scout; un formador de formadores.

En sus días libres, que no son precisamente los fines de semana, porque ya sabemos que sábados y domingos viaja al sistema solar desde La Casa de la Ciencia, aprovecha para ir al campo, leer y por supuesto tocar con su batucada por las calles y en todos los eventos que se tercien, como los encuentros de alternativas del sevillano Parque de San Jerónimo o en los carnavales de Bormujos. Como dice el refrán que el ejemplo empieza por casa, nuestro sostenible David lleva los últimos tiempos iniciándose en dos proyectos personales de huertos ecológicos; uno de ellos urbano, en la propia azotea de su casa, y otro en una pequeña finca familiar. De momento sabemos que al menos los tomates han tenido éxito.

Casos como los de nuestro monitor del Planetario David Moyano nos demuestran que, más allá de los varios detalles de infraestructura que debemos ir mejorando, nuestro mejor y mayor patrimonio es eso que los economistas llaman “capital humano”: gente simpática, “buenrollera”, inteligente, formada y comprometida que ponen todos los días su mejor esfuerzo para que los visitantes, peques y grandes, salgan del Pabellón de Perú sonrientes, casi tan sonrientes como David, y deseando volver.  

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