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Hedy Lamarr: la científica que (también) fue actriz

19/01/2021

"La mujer más hermosa de la historia del cine", “primera actriz en simular un orgasmo en pantalla” “protagonizó casi 30 películas en Hollywood”, “icono sexual de medio mundo”, son algunos de los recuerdos que suele evocar el nombre de Hedy Lamarr.

La actriz, galardonada como la mujer más bella del mundo por la Metro Goldwyn-Mayer, resultó ser una de las científicas más importantes de la historia. Sin embargo parece que, cien años después, su brillante inteligencia, su creatividad y su destreza matemática sigue quedando eclipsada por la etiqueta de “icono sexual de Hollywood”.

Tanto es así que no recibió ningún reconocimiento hasta 1997 por la invención de lo que sería el padre de las conexiones Wi-Fi, telefonía móvil y otros campos de la comunicación inalámbrica. Hedy tenía 82 años cuando fue ganadora del prestigioso premio Pioneer Awards de la estadounidense Electronic Frontier Foundation, 50 años después de haber patentado sus inventos. Lo cierto es que, tras la figura de piel porcelanosa y ojos azules que dió vida a Dalila en la película Sansón y Dalila, se escondía una mujer con una fuerza titánica y una capacidad de superación y reinvención digna de cualquier heroína.

Hedy nació en 1914 en Viena. Hija de un banquero y una pianista, comenzó a estudiar ingeniería al sentirse profundamente atraída por la tecnología. Sin embargo, poco después de comenzar su carrera, decidió dar un giro de 180 grados a su vida y se aventuró a comenzar en el mundo de la interpretación.

Su vida no fue precisamente un camino de rosas. A los 12 años fue acosada por un exhibicionista y víctima de diversos intentos de violación, alguna de ellas consumada. A los 16 decidió cambiar radicalmente el rumbo de su vida y se fue a Berlín para trabajar con el director Max Reinhardt, el cual no tardó en reconocer el talento de la joven vienesa.

Con tan solo 19 años, Lamarr era la protagonista de "Éxtasis", la que prometía ser la película del momento. El rodaje de la película, que pasaría a formar parte de la historia del cine (y no precisamente por su profundo argumento) incluía una escena en la que la protagonista, Eva (interpretada por Hedy) corría por un bosque y se bañaba, completamente desnuda, en un lago. Reinhardt aprovechó la inocencia y juventud de la joven y, habiéndole prometido un plano que no permitiera apreciar al detalle el cuerpo de Hedy, grabó a la aún adolescente a pocos metros y sacando en pantalla su cuerpo con todo lujo de detalles. La guinda de la película era la interpretación de un orgasmo mientras el actor Aribert la besaba. Claro, ante tal reto, el director tuvo que volver a tomar medidas para conseguir el resultado esperado: se recostó debajo de la pareja y, con una aguja, pinchó las nalgas de la chica hasta que, del dolor, gritó. El famoso orgasmo que marcó el cine no era sino un grito de dolor de una joven de 19 años.

Su amante y marido Fritz Mandl, uno de los hombres más ricos del mundo por aquel entonces y propietario de una siderurgia que fabricaba municiones de guerra, casado con ella gracias a que el padre de Lamarr había aceptado la pedida de mano, no encajó muy bien la entrada triunfal de su esposa en el mundo del cine. Todo tipo de personalidades, desde Mussolini hasta el Papa Pío XII, habían podido apreciar a su joven esposa interpretando un orgasmo (o lo que fuera eso). Fritz Mandl no podía creer lo que veía. ¿Solución? mantener a su esposa oculta durante dos años. Un día, cansada de estar muerta en vida, decidió huir a Nueva York para no volver, ni a Berlín, ni a la cárcel de Fritz Mandl y triunfar cumpliendo su sueño de ser una estrella de Hollywood.

Lo cierto es que, como era de esperar, su historia como incansable sufridora de una sociedad machista no acaba aquí. Algún que otro marido que disparaba a sus pendientes cuando estaba borracho la esperaba en un futuro próximo. Una vez que su belleza “desapareció”, Hedy desapareció del mapa público. A sus 80 era una señora diagnosticada como mentalmente inestable y que apenas salía de casa.  

Dejando atrás su faceta más trágica, Hedy Lamarr fue una de las científicas más importantes de la historia. Durante su retención, Hedy decidió volver a sus inicios y refugiarse en la ingeniería.  Inventó el llamado espectro expandido, una técnica de conmutación de frecuencias que posteriormente se usó para proteger la dirección de los misiles. A día de hoy, la patente creada por Hedy sigue teniendo utilidad: es utilizada para en el que se basan todas las tecnologías inalámbricas de que disponemos en la actualidad. Además,  hizo posible por primera vez la trasmisión de señales secretas sin poder ser interferidas, se utilizó en Vietnam y en la crisis de los misiles en Cuba.

Hedy sabía absolutamente todo acerca de los procedimientos del gobierno nazi y decidió dedicar parte de su vida a mejorar las herramientas con las que lucharían los aliados en la guerra. Trató de aportar su visión como ingeniera al National Inventors Council pero, como era de esperar, su oferta fue rechazada. La tenacidad e ingenio de Hedy eran imparables.  Tras investigar los puntos débiles del ejército aliado, examinó qué podría hacerse en los campos más sensibles a la innovación. El área de las comunicaciones era especialmente crítica en una guerra de movimiento y la radio resultaba el medio de comunicación más adecuado. Por otra parte, también se estaban experimentando sistemas de guiado de armas por control remoto mediante señales de radio.

La creación de Hedy funcionaba a través de la transmisión de los mensajes u órdenes de mando dividiéndolos en partes más pequeñas que se transmitían posteriormente de forma secuencial produciendo un cambio de frecuencia cada vez, siguiendo un patrón pseudoaleatorio. De este modo, los tiempos de transmisión en cada frecuencia eran tan cortos y además estaban espaciados de forma tan irregular, que era prácticamente imposible recomponer el mensaje si no se conocía el código de cambio de canales.

El invento de Hedy fue calificado como “engorroso y vulnerable” por parte del ejército. El proyecto se archivó y no se volvió a sacar a la luz hasta años más tarde. En la actualidad, muchos sistemas orientados a voz y datos siguen la patente del espectro ensanchado (destacamos herramientas que utilizamos día a día, minuto a minuto, como el Wifi o el BlueTooth). La invención de Lamarr aún puede dar mucho más de sí, puesto que, según David Hugues (investigador e impulsor del FHSS en la Natural Science Foundation de EEUU) “todavía no se han explorado todas sus posibilidades”.

 

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