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El padre de la divulgación científica

13/10/2022

La humanidad, desde el inicio de la historia, ha buscado la manera de relacionarse con su entorno y llegar a la verdad. Para ello, la investigación ha sido un proceso vital y necesario como herramienta para orientarnos en un mundo lleno de incógnitas. El ámbito científico ha sido el encargado de llevar a cabo estos procesos de estudio y hallazgo, sin embargo, actualmente, no se puede concebir un estudio científico sin la divulgación, un tratamiento necesario en este ámbito cuyo objetivo se halla en el avance conjunto de toda la humanidad ya que el conocimiento no se debe quedar entre científicos/as. Gracias a estos avances, la comunidad científica no parte de 0, sino de incógnitas ya resueltas por compañeros/as de profesión y la comunidad no científica aprecia, compara y cuestiona los resultados de las investigaciones y, sobre todo, conoce y aprende, sintiéndose parte de estos procesos que no deben ser, de ninguna manera, ajenos a ellos/as. 

Pero esto no siempre ha sido así. Recordemos a figuras como Giordano Bruno. Según cuenta la historia, este defensor del heliocentrismo copernicano y la teoría de la existencia de infinitas tierras que giraban alrededor de los astros, fue condenado a ser quemado vivo en la Santa Inquisición en el siglo XVII, en Italia. Eran tiempos de persecución, de la imposibilidad de romper con los esquemas establecidos, tiempos oscuros para los/as estudiosos/as ya que el resultado de sus investigaciones podría ser (y en la mayoría de los casos lo era) la razón para que acabaran con sus vidas. Por muchos historiadores. Galileo Galilei es conocido por ser el padre de la divulgación científica. ¿Por qué? ¿Qué hizo que fuera diferente al resto?

Galilei fue el autor de Diálogos, una obra que pudo pasar por el filtro de la censura eclesiástica, pero no fue tan fácil, antes tuvo que cambiar numerosos párrafos, e incluso el propio nombre de la obra. Al parecer, este libro fue escrito en italiano y no en latín, tal y como se encontraban la mayoría de los libros de la época, con el objetivo de que pudiera ser leído por un mayor número de personas. Además, el formato en el que estaba escrito era digno de un objetivo divulgativo: se trataba de tres personajes que, en forma de diálogo, defendían su visión del universo: 

Salviati representaba la visión copernicana de Galileo; Simplicio defendía la visión geocentrista de Ptolomeo y Sagredo se mantenía neutral ante este diálogo que se tornaba a debate. Esa es la esencia de la divulgación: la interpretación fruto de la investigación. Observando y debatiendo podemos romper con lo establecido, pero sin información al respecto no podemos hacer nada, somos ciegos ante el conocimiento. Galileo Galilei tenía gran preocupación porque la sociedad conociera los resultados de sus estudios, consiguiendo poner la primera piedra de lo que hoy conocemos como divulgación científica. Estudiosos como Descartes o Boyle siguieron sus pasos en sus obras.

Ese sentido divulgador basado en “que todo el mundo pueda leerlo”, tal y como lo nombra Ramón Núñez Centella, director del Museo Nacional de Ciencia y Tecnología (MUNCYT) es lo que debemos agradecer a este científico que ha pasado a la historia como referente académico y padre de la divulgación científica, un elemento imprescindible en el ámbito científico. 

 

Firmado: Sara Adán

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