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Una casa sin techo de cristal, nuestro deseo

02/02/2018

Si nos estáis leyendo “sin picardía” pensaréis que nos ha invadido la locura, ¿cómo vamos a negarnos precisamente nosotros a los techos de cristal, cuando al patio central de nuestra sede, el Pabellón de Perú, lo cubre una estupenda montera transparente como el cristal, recientemente renovada, que nos protege de las inclemencias del tiempo y nos brinda un importante espacio expositivo?

Pero llegado a este punto, quiénes nos leéis, que sois muy inteligentes, sabréis que nos referimos a otro asunto, el tristemente célebre término “techo de cristal” (o glass ceiling, según la bibliografía en inglés) utilizado en los estudios de género para referirse a todos esos impedimentos velados, aparentemente invisibles, pero muy reales, que impiden el  ascenso laboral de las mujeres al interior de las organizaciones.

Se habla de topes invisibles porque en principio – o al menos es así en las naciones desarrolladas - no existen leyes o dispositivos sociales establecidos y oficiales que impongan una limitación explícita en la carrera laboral a las mujeres, pero en la práctica vemos que sigue siendo menor el número de mujeres en altos cargos de las organización públicas y privadas, en los consejos directivos de las grandes empresas, e incluso en las cátedras universitarias.

Pero a pesar de todo hay lugar para el optimismo; y la proximidad de la celebración del Día Internacional de las Mujeres y las Niñas en la Ciencia, el próximo 11 de febrero, es un momento más que oportuno para hacer balance y también reiterar algunas reivindicaciones. El panorama en el CSIC, agencia estatal a la que pertenecemos, parece darnos cierto respiro; de hecho, recientemente una mujer, Rosa María Menéndez López, química asturiana especializada en materiales de carbono, ha sido nombrada presidenta del organismo, convirtiéndose en la primera mujer en la historia de la institución que ocupa este cargo. Por una parte lo vemos como un hecho extremadamente positivo, pero por otra pensamos con cierta tristeza ¡¡¡ha hecho falta más de un siglo de historia de institución para que una mujer llegara a esta posición!!! Nunca es tarde cuando la dicha es buena, reza el refrán.  

El “Informe Mujeres Investigadoras 2017”, elaborado por la Comisión “Mujeres y Ciencia” del CSIC aporta algunas conclusiones interesantes:

“(…) El índice del techo de cristal para las investigadoras del CSIC es de 1,44, inferior al 1,8 contabilizado para la media europea y la media española, según los últimos datos contrastados correspondientes a 2013. También la proporción de mujeres en la categoría más alta, Profesoras de Investigación, 24,84%, supera a la media europea que en 2013 era del 21%. (…) Las mujeres representan el 35,7% del personal investigador funcionario. Son Investigadoras Principales del 33% de los Proyectos obtenidos por el CSIC en las convocatorias del Plan Nacional y del 29,58% de los Proyectos Europeos. Han recibido el 33,3% de las Advanced Grants y el 38,7% de las Starting Grants concedidas por el European Reasearch Council”.

Pero aunque los números son positivos, todavía no podemos echar las campanas al vuelo, porque falta un buen trecho para llegar a la completa paridad. Desde el Museo Casa de la Ciencia ponemos nuestro grano de arena, y celebramos esta efeméride con el orgullo de saber y mostrar la importante presencia de mujeres en nuestra plantilla, en todos los escalafones. En nuestro Museo las mujeres ocupan cargos de máxima responsabilidad en áreas como Comunicación, Contenidos o Gestión económica, por ejemplo. Pero reiteramos, todo es mejorable, y ese es el deseo y el objetivo. De esa forma, procuramos y estamos atentos a que nuestra preciosa montera sólo sirva para protegernos de la lluvia y el viento, no para cortarle el vuelo a nadie. ¡Feliz día, compañeras!

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